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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Ensayo sobre los universos gloriosos


Un sitio con caminos de cristal, donde no existen las puertas o las cercas, porque no hay necesidad de poner un límite a nadie, así todos pueden andar donde quieren o necesitan. El mundo se extiende desde donde sale el sol hasta donde termina el mar. Cada quien ha construido en la mente dónde está su límite, no necesita que se lo diga un mapa o una autoridad. No verás a nadie empuñando una metralleta para marcar que, por ambición, hasta allí ha ocupado lugar. Al niño no le gritas que ordene, ordena solo, todo mundo da por hecho que en el orden hay más posibilidad de desarrollo, pues cual espejo de la realidad, la mente se ensancha y ve más horizontes. No existe el edificio caro, giratorio, de treinta mil millones de dólares, porque ese edificio, de existir allí, sería compartido por quien quisiera darle una visita o sería dispuesto, primero, para quien más lo necesita. ¿Y quién querría estar bajo un techo de cinco estrellas, si puede estar bajo uno de mil millones de estrellas? No es que los techos no existan o no puedan ser creados, es que no temen a la lluvia, el granizo, a la nieve o a los tornados. Saben cuándo lo producen, cuándo ha de ser preciso. Tanto controlan el clima, que ningún fenómeno es intempestivo. El sol no les abrasará, no les sorprenderá el frío. Ellos son capaces de elegir que una sorpresa sea buena y saberse tan responsables que ningún habitante a nadie tema por cometerse un error. Y si un error se cometiese, se solucionaría lo antes posible, no tendrían por qué sufrir a causa de la negligencia de algún otro.
Hay tanto espacio allí, que no hay necesidad de parasitar el espacio ajeno o las energías del vecino. Pelear por diversión no tiene sentido, la competencia con otro no es mejor que la competencia con uno mismo. Enojarse es como una pérdida de tiempo. Porque cada quien sabe que tiene un proceso diferente y único de la realización de las cosas; así que la comparación es inútil y además no permitiría el desarrollo propio. No hay algo como un fin último del hombre como colectivo, sino que cada uno tiene su propio fin último y no necesariamente se parecerá al fin último del individuo de al lado. Encontrar esa respuesta es tal vez más valorado para ellos que ser útil. Los dilemas existenciales no tendrían por qué ser una especie de Calvario para Ellos, sino, por el contrario, una grandiosa oportunidad de crecimiento que redundaría en el bien común.
Ellos se reirían de Steiner porque han ido mucho más allá a nivel de educación, hasta en un país nórdico envidiarían todo lo que un infante puede hacer desde un comienzo.
A propósito de los jóvenes, nadie cría a sus propios hijos. Es totalmente legítimo hacerlo pero eso es por muy pocos preferido, ya que han creado organizaciones que, con el mayor detalle y empeño, se especializan en educar a las generaciones en las vías de lo correcto y los encaminan a través de los años en sus procesos de pensamiento y las costumbres y valores, para que a su tiempo desarrollen aquel intelecto, tan propio de su especie para llamarlos de algún modo. Y pese a esta especialización, el anciano con los jóvenes comparte todo. No hay espacios divididos que ellos no puedan compartir y asuntos privativos que con sus mayores no puedan discutir. Las sabidurías del joven y el adulto, igual valoradas, son compartidas, todas las nuevas ideas merecen ser discutidas y analizadas. Con sus familias, enormes, ellos pueden cantar, bailar, hacer arte y si están listos y dispuestos, también trabajar. El juego, para los niños, desde inocente a rebuscado, no halla espacios desagradables que puedan ser juzgados. Esto es, si quieren, entre ellos puede haber algún juego atrevido. Atrevido para nosotros, para ellos es sano y normalizado. Nadie, nunca daña a un joven, es sabido que es preciso contar con ellos y su entereza para que en un futuro ellos puedan también, sin mancilla en sus mentes, seguir creando generaciones más perfectas. Y si alguien fortuitamente hallase atractivo a un menor, no tendría ninguna otra opción que esperar los años que sea menester, hasta que en edad mental y física alcancen ambos a parecerse.
Respecto del atractivo, nada les está vedado, todo les es lícito, no hay límites de lo que pueda gustarles, son libres de expresar lo que sientan sin temor a ser juzgados, siempre y cuando se respete el bienestar común, y nadie salga dañado, ninguno sea obligado, que cada acción se acuerde mutuamente y todos hayan logrado alcanzar la madurez mental suficiente y esa experiencia que, con los años, convierte el compartir en uno de los más preciados regalos. Es una fiesta el estar juntos, un gozo y un bien deseado, quienquiera puede estar con otro en el lugar que les parezca apropiado. Siempre se prefiere dar que tomar con egoísmo, siempre compartir antes que centrarse en uno mismo. Es un motivo de orgullo, no debe ser ocultado y no hay riesgo que algún otro aparezca a robar lo obtenido. No se trata de trofeos, no se trata de números fríos, todos se aseguran de tratar a un par siempre como un ser vivo, siempre como un igual que siente, que es frágil y digno de ser cuidado. Es seguro que cada quien se sentirá resguardado, bien atendido y por sobre todo, amado y valorado.
Cada “día”, cientos de mesas repletas del más exquisito banquete, capaz de exaltar todos los sentidos hasta puntos desconocidos por el ser humano son expuestas ante los maravillados ojos, cuidando el mayor de los detalles, pues el arte culinario está tanto o más valorado que todas las otras artes. Las mesas, con platería digna de la realeza, fueron puestas a medida, pensando en quien allí se sienta, sus platos son de cristales, los manteles, quizás seda, quizás algo más valioso que dé a todos complacencia. Puedes ir vestido de cualquier forma a la cena, nadie te echará por la ropa o reparará en tu apariencia. Si bien el físico es cuidado como fiel herramienta y tienen excelso gusto para elegir vestimenta, nadie será juzgado jamás por la forma en que se vea, todos parecieran entrenados para hallar siempre la belleza en algún punto, en alguna arista. ¿Y quién se negaría a compartir tal gala? Si no es más que una excusa para poder verse las caras, charlar, pasar tiempo, hacer tantas maravillas y descubrir nuevas cosas.
Alimentos que se cultivan con buena y amorosa mano por el que disfrute de esa tarea, resultando grandes y llenos frutos, algunos conocidos por nosotros y otros aún no conocidos. Con los colores más variados y exquisitos y los aromas más apetecibles y los perfumes más encantadores. Es para ellos casi una necesidad tener ante sus ojos un vergel, su propio campo de juegos y poder disfrutar de un jardín. Pero como el hambre y la sed allí tampoco existen, y hay suficiente para todos, incluso para los visitantes y aparte cada quien sabe cuidar su figura –pues comprenden que el cuerpo fuerte y saludable es necesario para la realización de ciertas actividades−, nunca se come al punto de la gula, todos los días se puede disfrutar un poco de todo, con el énfasis en el disfrute y no en la necesidad. Esto es porque ellos tienen también la capacidad de alimentarse como lo harían las plantas, comerse lo que producen a partir de sí mismos, simplificándolo extremadamente. Tener los mil soles a su disposición, no sólo alimentando a la maquinaria, sino también a los creadores de las mismas.
Lo no consumido, se sabe conservar bien para la siguiente oportunidad. La podredumbre no existe, la degradación de las cosas se sabe aprovechar de modo que todo se está reciclando constantemente. Todos han aprendido a no consumir cosas que enferman, cuando se puede consumir otras mejores. Allí nadie mata a nadie por comida, porque la carne, cualquiera sea su tipo, puede ser reproducida en el ambiente deseado, su origen algo artificial no le quita su calidad, tampoco termina siendo dañino para la salud, aunque muchos pondrían aquí en la Tierra “el grito en el cielo”, porque esa “falsa” comida no es lo que esperan, para Ellos es “perfecto”, o al menos bueno.
Allí el agua es cristalina y desde siempre han sabido cuidarla. Si lo importante siempre nace de ella ¿cómo malgastarla? Hay tanta fuente de agua reluciendo en todo su esplendor que cuando llueve, no se preocupan y se mojan sin pudor. Verás cascadas, mares, ríos, lagos y hasta piscinas, conocerás todo tipo de peces mientras el lago por sí solo se limpia. Hablo de animales coloridos de los que aquí ya no se recuerda, muchos los han salvado, incluso los que consideramos sólo fósiles. Matar por un marfil o por un collar de perlas es ridículo porque pueden fabricarse algo mejor. Siendo de este modo ¿cómo temer perder su biodiversidad? En la Tierra se ha planteado que la biodiversidad siempre varía con el tiempo y lar eras, pero como tiempo y eras no se manejan de igual modo para ellos, pueden crear el ambiente que sea necesario. No es el Arca de Noé, es más ambicioso todavía. ¿Qué algunos no se han salvado? Es enteramente posible, cuidadosamente ellos se han centrado en cuidar de las especies que como en el estado primigenio, saben vivir por sí mismas y no de modo parasitario. Nadie se come a nadie, ni siquiera los animales, el lobo y el carnero caminan juntos, como iguales. Una vaca es compañía, no tiene por qué ser alimento y sólo pensar en estocarla por “diversión”, parecería un tormento. Ellos saben que el arte da un importante lugar al placer, pero no a la locura de algún sádico con poder. Como si se tratase de un bolo denso en una solución, el inadaptado se precipitaría fuera de aquel mundo, antes siquiera de tener noción. Las cosas caen por su propio peso, es bien dicho, y es muy aplicado allí por lo visto. No es que nadie exilie a nadie por querer ver sangre, sino que es como si el propio mundo lo supiera de antemano, que hay algo en el conjunto que no pertenece y debe ser decantado. Caerá en algún otro mundo, un universo menos glorioso, donde un grupo de monos tontos gritan de gozo mientras sangra algún toro, o explota algún misil, o se incendia alguna foresta, o se dispara una bala a un ser indefenso desde una camioneta. Un mundo mucho más denso donde no sea posible volar de nuevo hasta las alturas para poderlas mancillar. Pero allá en el otro mundo tanta bulla es desconocida, al menos por experiencia, no la permitirían. La han visto, seguramente, con si visión privilegiada, pero le es tan ajena que no incurrirían en practicarla, siquiera por curiosidad, porque es un sinsentido, es algo tan obvio para el “anciano” como para el niño.
Siempre es de día y nunca hace frío, el cielo brillando como si mil soles lo orbitaran todo el tiempo, sin que los destellos dañen a los ojos. Ellos pueden contemplar todos los colores del arcoíris, incluso los colores del espectro que, al ojo del ser humano, es invisible. Es una actividad fácil de hacer porque arcoíris adornan todos los lugares. Nadie busca la olla de oro al final del arcoíris, porque éste siempre ha sido un círculo y está perfecto sin ser tocado, simplemente admirado. Aunque el ambiente siempre es cálido, se puede escoger tener frío como motivo de experimento o simplemente con la excusa de fundirse en un abrazo con algún otro. ¿Quién no ha tenido ese placer y sabe que es deseable?
Como no hay noche, el tiemplo allí siempre es relativo, no hay días de veinticuatro horas porque eso no sería suficiente. Encontraron un modo de descansar sin estar dormidos, de modo que pueden hacer mucho de lo que gustan en la hora siguiente, trabajando a pausas iguales, no en doce horas seguidas como si fuesen animales de carga –término que les es desconocido−. Así tienen tiempo para cada cosa, pueden turnarse y nunca estar frustrados porque el “día” no les alcance. No tienen que preocuparse por llegar a casa y no saber qué van a comer, temer por si lloverá, hará frío, subirá la bolsa o si el mundo se va a romper. Trabajar en lo que es su fin, para cada uno es un privilegio, por eso lo disfrutan en cualquier hora, sin medir el tiempo. Si se vieran obligados a medirlo como lo medimos los humanos, de seguro se volverían tan locos como nosotros al darse cuenta de que no bastaría. No hay diferencia entre hombre y mujer para ponerse a hacer un trabajo, por muy difícil o riesgoso que fuere, no verás a nadie protestando, todos están igualmente capacitados en la realización de cualquier tarea y no verás a alguno menos recompensado, a menos, claro, que sea por antigüedad, ah, no, se me ha escapado ese detalle, se paga a todo mundo por igual. No hay un trabajo que sea humillante o uno más glamuroso. El que fabrica el mueble en que uno se sienta y el que lo limpia son igual de valiosos. No hay un puesto que sea de algún modo más estimado, ni hay que presentar un título de que eres licenciado o que llevas la maestría de dominar todas las luces, o un doctorado en epistemología, un curso de ontología o que te has echado a todos los autores y corrientes sobre economía. Lo que más se cotiza en cualquier puesto que acabes es cuánto se empeñe de pasión y de energía. Porque la energía que mueve este mundo exuberante, más allá de la eólica, la solar o reciclable, más allá del magnetismo, la electricidad o el fuego, energía es la que han aprendido a obtener de su propio movimiento: cuando allí un “ángel” baila se encienden los instrumentos, funciona el motor que hace girar su planeta, escuchando sus canciones funcionan las herramientas. El sonido que altera todo lo que tenga masa hace que se construyan puentes, las calles y las casas. La música es defensa y si alguien viene a atacarte, le cantas una frecuencia que lo desintegra al instante, se doblan los metales, se parte la tierra, tiemblan las aguas y se quiebran las vidrieras. La música unida a la mente es más que un ordenador, entran datos, salen acciones y se controla el mundo mejor. La música alrededor de este mundo hace un muro y protege de todo invasor, quien entre en tu frecuencia, mejor que sea cantor. Si no lo fuese, explota y queda fuera del ritmo, nadie gasta en armamento si es que ha escrito sus propios himnos. El sonido altera formas y cambia todos los esquemas, los materiales con que construyen se adaptan a las formas que les interesan. Nada es lo que parece cuando ellos te han cantado, además de quedarte embelesado terminarás asombrado de que el sonido cambie la forma en que te ves, la ropa con que vistes y hasta tu color de tez. Con la voz se abren ventanas para mirar a otros mundos. Si danzas con ciertos pasos, las fábricas crean sus insumos, y con esos materiales, mientras tú sigas bailando, tus utensilios diarios ellas prestas irán formando. No hay cosa que sea imposible de hacer por esta gente. Dirás que es magia si eres poco inteligente. Ni siquiera el volar las supone ya una barrera, te vistes de un manto especial y flotas por donde quieras. Este manto parece de plumas, tan ligero, casi invisible, ataviado de esta “armadura”, que alguien te dañe parece imposible. Y si viniera peligro, a años luz ellos lo oirán y crearán una defensa adaptada a necesidad. Son rápidos en respuesta si hubiera que defender esa especie de paraíso que han llegado a establecer.
Por cierto, los ojos ven mucho más allá de lo que parece en un comienzo, no sólo por los colores o nitidez, esto va más lejos: todas las realidades juntas en un solo vistazo y en un solo momento. Todos los mundos, planetas y universos, todas las plantas, animales, seres vivos grandes y pequeños que han llenado la existencia desde el pasado al futuro, nada es desconocido porque todo fue revelado. Ellos se saben los colores de las plumas de los dinosaurios, el olor de su sangre caliente y el tamaño de los grandes insectos que vivieron allá por el mismo tiempo. Todo se puede ver también desde variados ángulos, no hay punto ciego ni temor de que alguien te ataque por la espalda, primero porque nadie te ataca, segundo porque si viniera ente extraño, lo verías desde la distancia y la resistencia propia es tanta que no hace falta más arma que el cuerpo mismo por defensa, si es que esta hiciera falta. Y si no quisieras defenderte, podrías irte de allí: pensarías en aparecer en otro sitio y serías automáticamente teletransportado, sin gasto de energía más que el propio pensamiento. Quien intentase atacarte, quedaría en ridículo. Claro, si antes el mundo no lo decanta para ser expulsado.
Música eterna hecha por las propias bocas de los habitantes, en el lugar donde cantar y expresar las ideas con excelsas melodías es el más grande disfrute y el mayor arte. La creación de arte es parte de la esencia de este lugar. Música hecha con el cuerpo, porque se danza con placer y cada ínfima parte está adornada por lo que los limitados sentidos humanos darían por describir como “joyas hermosas que contienen cascabel”, pero cuyos sonidos no se limitan a un simple tintineo, sino que en un solo movimiento reproducen todos los sonidos magnánimos del universo. Esto es, los murmullos de los árboles, los rugidos, el decir de las personas, los cantos de los pájaros, el rumor del río, el silbar del viento, el roce de la tierra, el canto de los planetas, el rumor de las estrellas y el sonido que hacen cuando explotan en la distancia, creando la oportunidad de cientos de nuevos planetas, cada uno de los instrumentos que el humano ha creado, desde los musicales, hasta los de trabajo, pero exponenciales a mil veces de su belleza, porque para un Dios verdadero, todo lo que hacemos es grandeza. Ciencia desconocida, magia por todas partes, en una melodía que jamás aturde y que nunca quisieras dejar de escuchar o de producir.
Ropas complejas y hermosas, cual diseño victoriano, hechas de telas bellísimas, no conocidas aún por el saber humano, cuya textura nos llenaría de vida, y que no es incómoda en modo alguno, ligera como las plumas, más suave que cualquier seda, con costuras tan pequeñas y perfectas que parecen continuidad del mismo material. Brillan en su superficie incrustaciones de mil estrellas, pero en un lugar donde la desnudez no es una afrenta tampoco, nadie oculta nada, porque nada es vergonzoso y tampoco hay peligro de que alguien vea y dañe. Si alguien mira directo, nunca se siente como un ataque a pesar de que el escote amplio, ciertamente amplio y las transparencias estén a menudo de moda, debido principalmente a que quienes ostentan generosas figuras sienten orgullo de mostrarlo, no vergüenza. Nadie nunca daña porque eso no es necesario, todos dan libremente lo que tienen, si lo desean, y sin que sea motivo de escándalo. Tampoco hay paredes que deban ocultar nada, porque nada es malo hacerlo si se hace con el alma, si se hace por entrega, si se hace por el bien propio y sin perjudicar al prójimo. Nadie muestra jamás tener una mala intención, porque no hay necesidad de mala competencia, de envidia, celos, violencia o temor. Y si la hubiese, no es necesario repetir lo que pasaría, seguro muchos humanos no estén allí un solo día.
Las enfermedades se han erradicado si es que alguna vez existieron, el cuerpo y la mente son muy capaces en ellos, pues como la perfección no existe y no hay pan sin moler el trigo, en algún momento sacrificaron en pos de la eugenesia de manera voluntaria. Pero una vez alcanzado cierto rango deseado, si alguien tiene hijos o decide no tenerlos, si decide ser fértil o estéril, momentánea o indefinidamente, no será mal visto ni burlado por una u otra decisión. Ambas son correctas a su modo desde su punto de vista.
Casi pareciera que en parte describo las escenas que se verían en Un Mundo Feliz, pero lo que describo va más allá de esa filosofía postapocalíptica fría –Ellos no “adoran” la tecnología, sino que aman las cosas vivas, las cosas que pueden expresarse, crecer, reproducirse y retroalimentarse y en lo posible, nunca morir−, o de cualquier cosa que se haya podido mencionar en las descripciones del Bardo Thodol, el libro tibetano de los muertos que, en su esencia, es como una especie de mapa, guía turística de todos los universos que fueron inspirados al ser humano, por monjes que se la han pasado meditando, en un esfuerzo filosófico de alcanzar esa verdad incognoscible y transformar nuestra breve realidad en lo más parecido a eso, unos paraísos, para evitar la tristeza, el dolor, el temor y la muerte. Pero ningún saber que se haya explayado en texto alguno, o susurrado de un oído a otro, ha sido capaz de explicar realmente lo que hay allí.
No hay una dictadura de la política, de la religión o el conocimiento, allí nadie está encima de nadie, los estratos son puramente simbólicos y por motivos de orden, pero nadie te gobierna porque tú te autogobiernas, nadie tiene siervos que trabajan para ellos, nadie es codicioso porque tomas lo que sabes que necesitas y lo que no necesitas, es más placentero compartirlo. Si el cooperativismo verdadero existiera sostenidamente en el tiempo… éste se quedaría corto, porque allí todo realmente se reparte, pero nunca de menos, siempre de más. Nadie suele comparar “sus propias posesiones” con las de otros, puesto que en su tecnología ya es posible reproducir cualquier objeto que se necesite. El consumismo tal vez no sobreviviría allí, pues quien viera algo y lo quisiera o necesitara, lo tendría pronto en sus bellas manos.
Nadie oculta información para mantener eterna la felicidad, porque allí se sabe que la felicidad no depende de eso, no es borrar el pasado lo importante –amén de que sea posible gracias a procedimientos médicos−, sino por el contrario, alimentarse de él es esencial, así se evoluciona y se acerca uno a su ideal.
La perfección no es una meta pensable ni un modo de vivir allí, sus habitantes hace mucho que desecharon la idea de alcanzar la perfección, porque el goce es el camino que se anda mientras se es perfectible: imagina, si la melodía perfecta existiese, nadie nunca estaría creando nuevas melodías, o nuevas danzas o nuevas ciencias.
Aunque ya son conocidos todos los posibles futuros, eso no los desalienta, más creación es más desafío. Las ideas en la mente se multiplican como si fuesen pequeñas semillas que, cual fractal, pronto se convierten en árbol de complejas ramas, perfectos de investigar. Y las ramas de tu árbol pueden unirse a las de algún otro para crear en conjunto algo aún más maravilloso. La cooperación se ha vuelto más importante que la competencia, por eso es que no vislumbramos lo desarrollada y compleja que se ha vuelto su ciencia. Con los ojos cerrados el neófito te resuelve una ecuación de Einstein y con el tiempo que le sobra, la desdobla y te explica cómo nacerás en tu vida siguiente. Y si se descuida un instante, su idea cobrará vida propia, pero eso no es intimidante, ésta dará nacimiento a otra, y en lo que llamáramos un instante, nacerá todo un universo, autónomo, complejo y bien ordenado en su centro, capaz de desenvolver actividades útiles a todos, sin que nadie sea siervo o esclavo, o sufra para dar beneficio a otro.
Así es que muchas tareas prácticamente se hacen solas, las tareas que hacemos hablando a una máquina, para ellos se ha quedado obsoleta. Gracias a su tecnología, con que sólo piensen, cualquier cosa la completan.
Su economía se ha establecido de tal modo que se retroalimente, no hay otro fondo monetario que el propio, y en días crece exponencialmente. Lo único que hay allí inflado es el deseo de aprender, crear se ha vuelto la app de moda desde hace mucho tiempo atrás. El conocimiento ya es muy amplio para pretender monopolizarlo todo, cada uno toma un pedazo y lo desarrolla a su modo, lo que el otro sabe te lo enseña y se retroalimenta de ti. Nadie se pelea por las ideas de nadie, porque todos le encuentras una utilidad o una belleza, aunque sea en un solo concepto. Cualquiera se ha leído ya a sus más excelsos autores, también a los nuestros, resaltando a los mejores. Todo se dialoga, todo se mira desde la pluralidad. Algo como el eclecticismo es factible de prosperar. Cada vez que se relee algo, algo nuevo se obtendrá, nunca estarías en presencia del mismo libro porque antes de darte cuenta tú también habrías cambiado y crecido. No hay lugar allí para los fundamentalismos, o para ideas absolutistas o volver al oscurantismo porque rápidamente, hace eones, que Ellos han aprendido que las ideas absolutas jamás encuentran su sitio y que, si no tienen flexibilidad, jamás éstas se perfeccionan y si no crecen, mueren y así jamás evolucionan. Que es una zarza ardiente que en este caso sí se autoconsume y que igual a un virus inmundo, lo que infecta lo destruye. La “religión” si entre ellos existiera, se parecería más a una filosofía que los ayudaría a disfrutarse sin sufrimiento, día con día. Sin jamás imponerse al vecino porque, quizás, igual que unas hormas de zapato, la idea en él no encaje igual.
Tanto conocimiento en más de una oportunidad llevó a las ideas de destrucción, por supuesto, pero éstas no prosperaron al demostrarse que no había en ellas una ganancia real, ni algo que redundara en un bien común, sino todo lo contrario, pues el proceso siguiente, de reconstrucción es aún más costoso y trabajoso. Y atacar al hermano es como autolesionarse. Herir la tierra no tiene un fin lógico para ellos. Herir a los que están en la tierra o que éstos se hieran entre ellos, es a sus ojos una muestra de error, de la falta de recursos y en la falla de autocrearlos para hacer la vida más viable y pacífica. Y si alguien de todos modos procediera con el fin egoísta de alimentar estas ideas sanguinarias y fatalistas, su alma y su cuerpo comenzarían a pesar mucho y antes de un parpadeo, se hallaría en otro mundo donde sus ideas pudieran calar mejor, por eso es que cada día hay más psicópatas a nuestro alrededor.
En teoría, no habría necesidad de algo semejante a un Gran Hermano, que les controle y vigile o les dicte su actuar diario. Esos son malentendidos y temores provocados por el decir inconsciente y primitivo de los humanos, significa que nuestro hablar todavía es limitado. Es porque los lenguajes humanos no han llegado aún a ese desarrollo, pero ahí se ha desenvuelto tanto, que puedes comunicarlo todo: con un solo pensamiento, con un solo movimiento. Los conceptos entre ellos pasan rápido de un cerebro a otro, como pasarse un documento, una escena o una foto, un teléfono sería un ideal obsoleto y tonto, lo mismo que la mensajería o el hablar remoto. El streaming en su mente con facilidad pasaría a diario, gratis y sin problemas, lo difícil sería no aprovecharlo. Para comunicarte no hace falta más que mirar al otro a los ojos. La mirada no se esquiva porque allí no puedes engañar, tu pensamiento será leído como libro abierto, no tendrás nada que ocultar. La mirada allí es más que un espejo del alma. Es un microscopio del espíritu. Se ve todo, así que el malentendido no existe, ni el stalking ni el acoso. Si alguien te mira con tanta insistencia, sólo le preguntas que quiere y el destinatario no sale huyendo como criminal, te enfrenta. Y si el mundo aquel, autónomo en su consciencia, supiera que las intenciones de esos ojos no son buenas, lo decantaría y te liberarías rápido de su presencia. Si le puedes auxiliar en algo que necesite, probablemente lo harás, si no pudieras ayudarle, probablemente le llevarás con otro individuo que sí pueda. Es un código de conducta que ya nace dentro de cada cual. Nadie se deslinda de su responsabilidad si es que puede cooperar, sabe internamente que fue creado para eso, para amar. Ayudar es un tipo diferente de servicio. Como cada quien se ve reflejado en el otro, el egoísmo es prácticamente inexistente.
Para completar con creces la paradisíaca imagen dedo aclarar ante nada que todos sus habitantes se han procurado a si mismos tener los mejores rostros, en los mejores cuerpos que han concebido a su modo. Su ciencia les permite eso sin el mayor percance, sin que nadie proteste, sin que nadie pague. No es lujo, es derecho para la mayor felicidad, sin dejar de lado también la corporalidad, su idea de lo bello siempre debe reflejarse. A este punto de la historia, no es difícil imaginar que irías a pasear un rato por tan magnífico lugar, pero tampoco nos será difícil concluir que para un egoísta humano es… complejo vivir allí…
¿O no?

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